En la anterior colaboración (Junio de 2000) se indicaba que la etiología de la mayoría de maloclusiones no es una causa específica, conocida, sino que son variaciones más o menos acentuadas del crecimiento y desarrollo del individuo. Proffit (1) y Vig (2) señalan la necesidad de que, para prevenir, antes de han de conocer e identificar mejor la etiología de las maloclusiones, en especial la influencia de los factores ambientales. En la pasada página virtual se repasaron algunos factores ambientales que pueden modificar de forma más perjudicial el desarrollo normal.
Pero, como se indicaba, la mayoría de individuos con maloclusiones son el resultado de una combinación compleja y todavía mal comprendida de influencias genéticas y ambientales y no están causadas por un proceso patológico sino por variaciones más o menos moderadas del desarrollo normal. Desde una perspectiva preventiva es importante conocer las causas específicas de maloclusión porque nos permitirán prevenirlas, aunque solo representen una pequeña parte del conjunto. Se ha de poner énfasis en aumentar el conocimiento de aquellos factores ambientales que pueden modificar de forma más perjudicial el desarrollo normal (1). Y, por último, es conveniente conocer aquellos factores genéticos que están detrás de las maloclusiones.
Como indica Proffit (3) La cuestión sobre el proceso etiológico de la maloclusión no es tanto si existen influencias heredadas sobre los maxilares y dientes, porque es obvio que existen, como plantearse si las maloclusiones a menudo están causadas por características heredadas.
La observación clínica de los pacientes, de sus hermanos, de sus progenitores, conduce a la idea de que la herencia juega un papel importante en la estructura craneofacial y dental de las maloclusiones. Durante muchos años se creía en la heredabilidad independiente de variables, como por ejemplo heredar el tamaño de dientes de un progenitor y el tamaño de los maxilares del otro progenitor, lo que explicaba el aumento de prevalencia de maloclusiones. Esta idea, aunque todavía es prevalente, desde luego no es compatible con el conocimiento actual de la herencia poligénica (3,4).
El papel de la herencia se evidencia en diversas investigaciones que demuestran la similitud de las características craneofaciales entre padres e hijos (5,6,7,8). La importancia del genotipo se manifiesta todavía más cuando se comparan gemelos monozigotos y dizigotos. Los gemelos monozigotos, aunque muestran una cierta variación en el tamaño, forma y disposición espacial de los componentes óseos del esqueleto craneofacial, se parecen mucho más entre sí que los gemelos que no comparten el mismo material genético (9).
A pesar de estas observaciones King et al. (4) proponen que la similitud entre hermanos gemelos para los rasgos oclusales refleja una respuesta similar a los factores ambientales que son comunes a ambos hermanos. Esto es, que dados unos tipos faciales influidos genéticamente, los hermanos gemelos es probable que respondan a los factores ambientales de manera similar.
El análisis de variables craneométricas (esqueléticas) entre parejas de hermanos muestra que las estructuras del esqueleto craneofacial tienen una alta heredabilidad (10). Los factores genéticos también tienen un impacto importante en la amplitud (11, 16) y longitud de arcada (11).
Parece, por tanto, que excepto en las situaciones en las que la etiología es clara (defectos en el desarrollo embriológico, traumas e influencias ambientales), la mayoría de maloclusiones esqueléticas moderadas suelen ser el resultado de un patrón heredado (3). Así sería el caso de la mayoría de Clases II en las que suele existir un patrón heredado de déficit mandibular, de Clases III en las que existe una clara tendencia familiar y racial y en los problemas de excesos verticales que también tienen un importante componente hereditario. Estas maloclusiones esqueléticas moderadas pueden ser más severas por la presencia de factores ambientales.
Por su parte, el tamaño dentario, la morfología dentaria y la formación radicular están, en gran medida, bajo control genético (12,13). Las dimensiones bucolinguales y mesiodistales de la corona dental son más discordantes entre gemelos dizigotos en comparación con los monozigotos, lo que refuerza las evidencias de un control genético (12).
En cambio, las variables basadas en la posición y relación de los dientes (apiñamiento, rotaciones, desplazamientos dentarios) tienen una heredabilidad muy baja (10,11,14,16). Estos resultados parecen indicar que las variaciones en la posición dentaria se deben, casi enteramente, a causas ambientales y no genéticas.